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2025 · Innovación social · Web · Identidad visual · Cofundador

En Marcha

En Marcha, Innovación social rural

El problema real

Cada pocos años llega alguien a un pueblo rural con un programa de formación, organiza talleres, saca fotos y se va. Los pueblos han aprendido a desconfiar. El problema de En Marcha no era el contenido, era la credibilidad. Ninguna institución va a apostar por un programa que no tiene historial, cara visible ni arraigo local.

La misión era clara: que la gente no tenga que irse del pueblo para tener futuro. Mejorar el territorio para que quedarse sea una elección, no una resignación. Miguel Gatoó, cofundador con experiencia en la OIT y Naciones Unidas, tenía el conocimiento institucional y los contenidos. Yo entré como socio de diseño y estrategia.

Lo que encontramos sobre el terreno

Hablamos con alcaldes, asociaciones locales y futuros participantes. Los alcaldes ya sabían que sus vecinos necesitaban formación, eso no era el hallazgo. El hallazgo fue que los fondos europeos llegan con condiciones, plazos y requisitos de justificación que los Ayuntamientos pequeños no pueden gestionar solos. Necesitan un socio que navegue eso por ellos, no solo alguien que imparta talleres.

Tres perfiles se repetían: jóvenes que quieren quedarse pero no ven futuro económico, mujeres que vuelven al mercado laboral después de años cuidando familia, y trabajadores mayores que se enfrentan a automatización o paro. En los tres casos, el obstáculo no era el aprendizaje, era la confianza y el acceso. El contenido de los programas era secundario; lo primero era demostrar que estábamos ahí para quedarnos.

Investigación territorial, trabajo colaborativo

División de trabajo y decisiones de diseño

La división fue deliberada: Miguel gestionó las relaciones institucionales, la búsqueda de financiación y el diseño de los programas. Yo me encargué de todo lo que las instituciones verían antes de decir que sí: identidad visual, web y materiales de presentación. En los contenidos curriculares trabajamos juntos, los programas tenían que sostenerse metodológicamente, no solo parecer creíbles.

La identidad visual tenía que leer como institucional, no como una ONG improvisada, pero con calidez de territorio. El sistema de color se ancló en el paisaje de La Vera: bosque, oliva, ocre, tierra. No para ser decorativo, sino para señalar arraigo. La web estaba diseñada para un único visitante decisivo: el funcionario o político local que necesita decidir si colaborar. La arquitectura de la información responde sus preguntas en orden: qué es esto, quién está detrás, qué han hecho, cómo trabajamos juntos.

Lo que dejé fuera fue igual de importante: nada de lenguaje de startup, nada de promesas de impacto sin evidencia, nada de estética que gritara "proyecto de diseñador". En contextos institucionales, el trabajo del diseño no es impresionar, es no dar ninguna razón para decir no.

Estado actual

Organización activa, web publicada en en-marcha-web.vercel.app y primeros contactos institucionales establecidos con Ayuntamientos de la comarca. El trabajo avanza despacio, así funciona esto. La confianza se construye en persona, no en una web.

Lo que aprendí: en proyectos de innovación social, el diseño no es el producto, es el argumento de que el producto existe. Sin credibilidad visual e institucional, el mejor contenido no llega a la primera reunión.