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NowEat · SaaS para restaurantes · Usabilidad

De cuatro herramientas a una, en diez minutos

Una plataforma que junta reservas, carta, pedidos, TPV, cocina y bot telefónico en un solo sitio. Arrancando fuerte, con cuatro restaurantes en producción y sin inversión externa.

Rol

Product Designer
Usabilidad · Estrategia de producto

Sector

Hostelería

Año

2026

Estado

En producción · 4 clientes

NowEat, de la primera mirada del cliente al último ticket en cocina

De dónde sale NowEat

NowEat empieza en un restaurante concreto. El CEO y desarrollador del proyecto quería montar algo propio, y su hermano lleva un restaurante donde chocaba una y otra vez con el techo de la herramienta que usaba, Cover Manager: buena, pero pensada para grupos grandes y sobredimensionada para un restaurante medio.

Ese fue el punto de partida. Al mirar el resto del mercado se confirmó la sospecha: cada herramienta resuelve bien una parte y ninguna las junta. Ahí es donde entramos.

El producto está construido con IA, con el CEO, que es quien desarrolla, revisando cada línea de código, y yo a cargo de la usabilidad. Los costes de desarrollo han sido, básicamente, las llamadas a las APIs de los modelos. Eso es lo que permite que dos personas hayan sacado una plataforma entera a producción sin inversión externa, y lo que deja margen para ofrecerla por debajo de lo que cobra el resto.

El problema

Un restaurante medio en España gestiona su negocio con más de tres herramientas desconectadas entre sí: una para las reservas, otra para el QR, otra para los pedidos y otra para el TPV. El coste combinado supera los 300€/mes, y cuando algo falla en el servicio, el viernes a las 21h con 60 cubiertos, no hay soporte disponible.

El hostelero medio no es un usuario tecnológico. No quiere aprender cuatro interfaces diferentes. Quiere que funcione, que sea fácil de configurar y que cuando falle alguien coja el teléfono.

Los restaurantes no necesitan más herramientas. Necesitan una sola que cubra todo y no falle en medio del servicio.

Competencia y posicionamiento

Qamarero es la competencia directa. Con Heydiga competimos en el bot telefónico con IA. En reservas, los referentes son Cover Manager, The Fork y OpenTable.

Competidor Modelo Debilidad
Qamarero Suscripción Sin TPV integrado, sin reservas
Cover Manager Hasta 299€/mes Pensado para grandes grupos, excesivo para el restaurante medio
The Fork Comisión por reserva Dependencia del directorio, sin solución de operaciones
Heydiga Suscripción Solo bot telefónico, no es plataforma completa

A la competencia la miramos todo el rato, no una sola vez. Tener las mismas funciones que ellos no nos hace ganar, pero no tenerlas nos deja fuera. Lo que nos diferencia es otra cosa: el precio por módulos, que respondan de verdad cuando llamas y que configurarlo cueste diez minutos.

Lo que nos dijeron los que ya lo sufrían

Hablamos con propietarios y con gente que trabaja en sala, de restaurantes de distinto tamaño y sin elegirlos por perfil. Ninguno nos habló de funcionalidades. Todos nos hablaron de riesgo: de lo que puede salir mal si cambian algo que ya funciona. De ahí salió la decisión que sostiene todo lo demás: que el restaurante no se pare nunca, pase lo que pase.

Lo que salió en las entrevistas Lo que hicimos
Si se cae la red, el servicio se para Modo desconexión: sigues cobrando y sirviendo, y sincroniza al volver la red
Cambiar de sistema en plena temporada es impensable 15 días de prueba sin fricción
Cuando llamas a los grandes, no te coge nadie Soporte 24 horas, sin esperas
Cada software nuevo obliga a volver a aprender Configuración en menos de diez minutos y un asistente al que se le habla
Los no-shows se comen el margen Reservas con depósito y recordatorio
Nadie necesita las cinco cosas a la vez Cinco módulos con precio por separado
La gestión del personal se queda fuera de todas las herramientas Fichaje y turnos dentro de la misma app
Dos de las respuestas, en pantalla. En reservas, la alergia del comensal sale en rojo antes de sentarlo. En fichaje, el registro de jornada conforme al Real Decreto-ley, dentro de la misma app.

El miedo que más pesaba tenía nombre: nadie cambia de sistema en plena temporada. El primer restaurante que hemos migrado venía de Cover Manager, que es justo donde empezó todo.

Decisiones de diseño

Un análisis exhaustivo de nuestros usuarios, de la competencia y de las mejores prácticas me llevó a tomar estas decisiones.

Diseñé la arquitectura del producto como 6 módulos independientes pero cohesivos: menú digital (con traducción automática a más de 10 idiomas), pedidos en mesa, TPV/KDS, reservas, bot telefónico y un paquete completo a 99€ que ahorra 58€ frente a contratarlos por separado. La modularidad fue una decisión deliberada: el restaurante pequeño empieza con el menú, el grande entra por el paquete completo.

Decisión tomada

Módulos independientes con precio por separado. El restaurante entra por lo que necesita y escala.

Decisión descartada

Plan único todo-incluido desde el inicio. Demasiado compromiso para un restaurante que aún no confía en el producto.

La primera pantalla no informa, acciona

Diseñé el inicio para que abriera con lo siguiente que hay que hacer: cobrar la mesa 22, sentar a los de la 13, sentar a los de la 3. Cada una con su botón, y sentar una reserva se resuelve ahí mismo, sin pasar por Reservas, buscar al cliente y volver a Mesas. Las ventas del turno están, pero debajo.

El inicio, con las tres acciones que tocan ahora.

No lo aprendes, se lo pides

El asistente con IA está en todas las pantallas, no escondido en un menú. Cambiar un plato de la carta o del menú del día es tan sencillo como decírselo: subir un precio, quitarlo porque se ha acabado, cambiar la descripción. Control total sobre la carta y sobre el funcionamiento del restaurante sin recordar dónde vive cada ajuste: reconocer antes que recordar, la sexta heurística de Nielsen. Es la respuesta directa a lo que más se repitió en las entrevistas: que cada software nuevo obliga a volver a aprender.

El alérgeno se captura una vez y aparece donde puede hacer daño

Decidí que al dar de alta un plato los alérgenos fueran los catorce de declaración obligatoria en chips, y no un campo de texto libre. Ese dato viaja hasta la reserva: sale en rojo sobre el nombre del comensal, en la pantalla que se mira justo antes de sentarlo.

El alta del plato y la reserva. El mismo dato, en los dos extremos del servicio.

Abajo lo del servicio, detrás lo de gestión

Repartí la navegación por el momento en que se usa cada cosa. Siempre a un toque, en la barra de abajo: mesas, pedidos, cocina y reservas. Detrás de "Más": fichaje, carta, clientes, caja, informes y ajustes, que se tocan fuera del servicio. Y dentro de Mesas el primer filtro son las zonas, porque un camarero no trabaja el local entero, trabaja su zona. Los avisos de la barra cierran el sistema: dicen que hay algo pendiente sin necesidad de entrar.

Las mesas filtradas por zona y lo que vive detrás de "Más".

Cada restaurante ve su sala como la tiene

Las mesas se ven en cuadrícula o sobre el plano real del local, y lo elige cada restaurante en ajustes. No impuse una vista porque cada sala se maneja distinta: es flexibilidad y eficiencia de uso, la séptima heurística de Nielsen.

Las mismas mesas, en cuadrícula y sobre el plano.

Ninguna pantalla se queda en blanco

Cocina sin pedidos, un filtro sin resultados, un informe sin datos. Diseñé un estado vacío para cada una, con su icono y su frase, porque son justo las pantallas que más ve un restaurante el primer día, cuando todavía no hay nada dentro.

Tres estados vacíos: cocina, clientes e informes.

Dónde estamos hoy

Un producto completo en producción, no un MVP: reservas, carta, pedidos en mesa y online, TPV, cocina, caja, fichaje, informes y CRM, todo funcionando. Lo usan cuatro restaurantes, el Restaurante El Cuervo y la Diputación de Cádiz entre ellos. La primera migración desde otra herramienta ya está hecha y funcionando, y los clientes que llevan dos semanas con el producto no vuelven atrás.

Las apps nativas para iOS y Android y la versión tablet ya están desarrolladas, pensadas para el uso en sala: el camarero necesita velocidad y un formato que no le haga cometer errores cuando tiene cuatro mesas en espera.

Configurar el producto cuesta diez minutos. Que un restaurante entero empiece a usarlo es otra cosa, y ahí sigue estando el reto: el primer día, con el equipo aprendiendo y el servicio de la noche siguiente encima. Es donde más trabajo de diseño queda por delante.

Nuestros clientes reducen los no-shows un 67% y ven un incremento medio del 38% en ventas. Y un tiempo medio de configuración de menos de 10 minutos.