Robin Luz · OptiDashboard
Diseño que decidió el negocio
- Robin Luz. App B2C que ahorra cambiando de contrato.
- OptiDashboard. SaaS B2B que también busca el ahorro, pero con la domótica como eje. Con un dispositivo propio, el Optimeter, mide el consumo real para afinar dónde se ahorra.
Ninguno había salido a producción. El trabajo era rediseñar los dos productos, decidir cuál priorizar y qué funcionalidades entraban primero en cada uno.
Rol
Product Designer · Investigación · Sistema de diseño
Contexto
Startup early stage
Año
2024–2025
Sector
Energía · B2C / B2B
El contexto real
Entré para encargarme del diseño, la usabilidad y la accesibilidad de los dos productos, con un presupuesto que se acababa. Lo primero que aporté fue un sistema de entrega para no fundir el proyecto: elegir qué user stories entraban en cada entrega y llevar a desarrollo archivos de Figma ya preparados para implementar. Con él se pudo medir por primera vez la velocidad real del equipo, y sin ese dato un roadmap no es más que una lista de deseos, que es donde se rompen la mayoría de los proyectos de software.
La app de Robin Luz escaneaba la factura con OCR, analizaba tu gasto y te comparaba ofertas. OptiDashboard tenía varios módulos a medio construir. La pregunta que me hice fue si aquello resolvía el problema de alguien. Responderla era mi trabajo.
El trabajo de diseño empezó antes de tocar ningún pixel: definir qué había que priorizar antes de construir.
11 entrevistas y un hallazgo incómodo
- Legibilidad. La factura de luz y gas está diseñada para que no la entiendas.
- Confianza. Cambiar la luz de tu casa no es una compra, es ceder un servicio del que dependes.
La segunda apareció en las entrevistas y resultó determinante en el momento de contratar. La gente lo asocia a papeleo, llamadas y a quedarse sin suministro si algo sale mal. La referencia que buscábamos era el cambio de compañía telefónica: hace años daba miedo y hoy se resuelve en cinco minutos desde el móvil, sin hablar con nadie. Ese era el listón.
La app atacaba el problema pero no lo resolvía: no había forma de contratar desde dentro de la herramienta. El usuario entendía, comparaba, y luego tenía que llamar por teléfono. Ahí se perdía todo.
Hallazgo clave
Eliminar esa fricción era el producto real.
El siguiente cambio fue de canal: vender la app a comercializadoras energéticas para que sus comerciales la usaran en sus visitas a clientes. Un contrato B2B nos daba acceso a toda su fuerza de ventas. Dejábamos de crecer usuario a usuario, y ahí fue donde vimos tracción real.
Más complejo, igual de sencillo
En Robin Luz la recurrencia había que fabricarla con avisos. Aquí venía de serie: con los Optimeter instalados el acompañamiento es largo, medir, ajustar y volver a medir. El dato venía de ese aparato, que se instala en la caja de luz y da consumo en tiempo real, por sala y por aparato. Sin ese dato no hay nada: ni ofertas ajustadas al perfil real de cada cliente, ni domótica que encienda el aire antes de una reunión o apague las luces de una sala en la que ya no queda nadie.
Enfrente estaban Schneider y los grandes de la gestión energética. Un servicio así solo lo daban empresas de ese tamaño, y a un precio astronómico comparado con lo que costaba poner un Optimeter. Sin su marca ni su capacidad industrial, el primer gancho tenía que ser el precio y el segundo, que funcionara bien.
Definí la estrategia de producto y analicé el posicionamiento frente a los grandes del sector. Rediseñé el dashboard cuando vimos que no funcionaba con usuarios sin perfil energético.
El rediseño, decisión a decisión
Los dos rediseños se anclaron en las heurísticas de Nielsen. El problema que habían sacado las entrevistas era de confianza, y las heurísticas destacan aspectos como la visibilidad del estado del sistema, la prevención de errores o los mensajes de error útiles como básicos para generarla.
En la app de Robin Luz, el rediseño no fue una capa visual encima de lo que había. Cada cambio salía de las entrevistas y de ir entendiendo mejor a nuestros usuarios. El mensaje pesó tanto como la interfaz.
- Jerarquía de las acciones. Antes había dos botones compitiendo, uno gris y otro amarillo, sin que se supiera cuál era el principal. Después hay uno primario y uno secundario, y el amarillo desaparece.
- El mensaje. El copy dejó de explicar el mecanismo y pasó a quitar preocupación: donde antes se detallaba que el PDF se compararía con nuestras ofertas, ahora se dice que los datos están seguros y no se comparten.
- Señales de confianza. Contratar el suministro energético online genera desconfianza, no dificultad técnica. Añadimos señales visibles de respaldo: chat de soporte, nombre de la comercializadora verificada y número de atención.
- Recurrencia. Una app de comparar se usa una vez y no se vuelve. Añadimos avisos mensuales y anuales para que el usuario viera cómo evolucionaba su gasto y llegara con criterio al momento de renovar, que es cuando se puede cambiar de compañía.
Diseñé el onboarding para que no explicara cómo funciona la app, sino qué gana el usuario al usarla. La primera versión contaba el procedimiento: seis pasos numerados repartidos en tres pantallas, desde descargar la factura de la web de tu comercializadora hasta confirmar el cambio con ella.
La versión final son cuatro pantallas con una idea en cada una. Casi todo apunta a la confianza, que era la capa del problema que había salido en las entrevistas.
- Lo más visible era lo menos útil. Un banner con el consumo del plan ocupaba la parte alta de todas las pantallas, siempre igual, y empujaba el contenido real hacia abajo.
- Los estados vacíos no llevaban a ninguna parte. Un cliente nuevo entraba y encontraba todas las pantallas vacías, con textos que describían lo que vería algún día en vez de decirle qué hacer.
- La pantalla de OptiMeters pedía "ingresar una URL de dispositivo" y remitía a la sección de perfil para hacerlo. Ahí estaba el problema con los usuarios sin perfil energético: el producto daba por hecho que sabías qué era un OptiMeter, de dónde sacar su URL y qué hacer con ella.
- La entrada dejó de ser tu perfil y pasó a ser el estado del negocio: ingresos recurrentes, clientes, ingreso medio por usuario y tasa de conversión.
- El banner del plan salió de todas las pantallas y se quedó donde le corresponde, en el perfil.
- Aparecieron buscador global y migas de pan. Con dos niveles de pestañas no había forma de saber dónde estabas.
Dos productos, un sistema
- El color significa algo. Morado es acción: si algo es morado, se pulsa. Verde oscuro es contacto directo, llamada y WhatsApp. Verde claro es ahorro y nunca acción, así que un botón jamás lleva verde claro.
- La accesibilidad va medida. El anillo de foco morado sobre un botón morado daba 1.45 de contraste, es decir, invisible. Con otro morado y 2px de separación sube a 5.96. Los botones salen a 44px de alto, el mínimo táctil de iOS.
- Las desviaciones se documentan. El botón primario da 4.33 frente al 4.5 que pide WCAG AA. Mantuvimos el morado de marca y quedó escrito en Figma como desviación aceptada, compensada con área grande y peso semibold.
Una decisión costó dos días. El bloque de ahorro relleno se confundía con el botón de llamar, que era verde sólido, y estuvo descartado una jornada entera. El botón pasó a borde, el conflicto desapareció y el bloque volvió. La regla que quedó: lo que hace parecer pulsable a algo no es el color, es la forma, y una banda que toca los bordes de la pantalla no puede leerse como botón, porque ningún botón toca los bordes de su contenedor.
La identidad visual de los dos productos era responsabilidad mía: logo, paleta y tipografía, bajo la marca paraguas de Optimiza Recursos, decididos a la vez que el sistema. La web, robinluz.com, también salió de ahí.
Lo que cambió la investigación
Con el sistema de entrega en marcha, la velocidad del equipo dejó de ser una intuición y el roadmap dejó de ser una lista de deseos. Y con los componentes en un solo sitio, diseño y desarrollo dejaron de hablar por pantallas sueltas para hablar de estados y comportamiento.
Y el usuario entró en las decisiones. Dejaron de justificarse por lo que parecía mejor y pasaron a justificarse por lo que habíamos visto en las entrevistas.
Los dos productos llegaron a producción. Busqué fondos de inversión para dar el salto, pero el proyecto se paró: el mensaje fue que técnicamente no estábamos preparados.